Muchas empresas no pierden rentabilidad por falta de esfuerzo, sino por la acumulación silenciosa de tareas duplicadas, procesos lentos, sistemas desconectados y decisiones que se toman sin una visión clara del conjunto. El problema es que estas ineficiencias rara vez aparecen como una gran crisis. Se manifiestan en retrasos, errores repetidos, reuniones poco productivas, pérdida...